Las muñecas con vestido de tela, encajes bordados y cabello trenzado, perdían encanto cuando Magnolia entraba en escena, pues la niña Martina, con su voz añeja la llamaba. Y Magnolia, presta y alegre, radiante y luciendo un vestido blanco impoluto, acudía siempre a su llamado.
A los 99 años, Martina volvía a pisar el umbral de la vida, aquella que se muestra traviesa, despreocupada y risueña, pues la vida es juego, y los juegos, entre niñas, divertidos casi siempre son, pero no sin alguien con quien compartir horas de aventuras, no sin alguien de quien cuidar, acariciar, querer.
Eran días de fiesta, para Martina y su fiel compañera Magnolia; y por supuesto, también para la muerte que siempre ronda y nunca deja de jugar. Y entre jardines de rosas y cartuchos, ellas jugaban, Martina cantaba, Magnolia corría, y la muerte… ah! la muerte, ella tan solo sonreía.
Pero el juego tarde o temprano termina. Un día la niña Martina se quedó dormida y ya no quiso despertar. ¿Y Magnolia?… ¿qué hacer con Magnolia?, ¿qué será de la tierna Magnolia? ¡Ay! Magnolia… Magnolia… Fue la preocupación doliente, latente, era el lamento vivo, el dolor encarnado de quienes no les queda otra más que contemplar, cómo a veces la muerte inequívoca que va a por uno que son dos, se lleva tan sólo a uno.
Los vecinos y los amigos, como es costumbre, llegaron al duelo, y al café, y a las galletas, y a las roscas, y al cabrito. La gente ayuda en momentos así, obliga a la sensatez de la familia que tiene que resignarse a ver que la vida continúa, que hay cosas que atender, platos que lavar, camas que tender, salas que barrer, sillas que tomar prestadas… uf! La vida continúa, y los seres queridos se van o se tienen que ir, como Martina o como Magnolia, pues sin Martina, la inocente Magnolia con su pelo algodonoso no sería más que paño de lágrimas y mocos… Magnolia tendría que morir.
Y así, el cuerpo de la niña Martina fue velado, y el de Magnolia, siendo oveja, sirvió para el cabrito y el café.
Martina llamó, Magnolia acudió, ¿y la muerte?... ¡ah! La muerte… ella, tan sólo, sonrió.
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